Penetrar en los espesos y recónditos bosques de Colombia puede ser una tarea tan desafiante como la de reconstruir la paz hoy en un país que ha quedado diezmado por la guerra de tantas décadas. Pero no es imposible.

A lomo de mula, por estrechos y empinados caminos, durante horas de recorrido y con la voluntad de devolverle a los pobladores del Bosque de Galilea el amor por la tierra que alguna vez les fue arrebatada, expertos en el desarrollo de proyectos de carbono han logrado demostrar que se puede trabajar al mismo tiempo por la conservación del bosque, el desarrollo rural y la consolidación de la paz.

El proyecto de Conservación del Bosque de Galilea es el gran ejemplo de la compatibilidad entre todos estos propósitos. Administrado por la Fundación Amé y localizado en el municipio de Villarrica, en el Departamento colombiano de Tolima, este bosque de niebla único en la zona andina, es un corredor ecológico de 29.000 ha que empalma con el páramo de Sumapaz.

Históricamente dominado por grupos al margen de la ley, esta región vivió fuertes olas de violencia que resultaron en el desplazamiento masivo de sus habitantes, quienes por años no pudieron poner ni un pie sobre sus tierras por temor a la existencia de minas antipersonales o de ser víctimas de algún crimen.

Dicen los habitantes de la zona que las tierras pasaron a ser consideradas terrenos baldíos e incluso la escuela y un gran número de casas desaparecieron. De la convivencia con el bosque, los pobladores de Galilea pasaron al destierro. De ahí que resulte difícil reconfigurar su relación con el espacio y proponer estrategias de protección tras el cese de los enfrentamientos armados en la zona.

Cómo puede un proyecto de REDD+ apoyar la consolidación de la paz

Con el retorno de la fuerza pública, los pobladores desplazados pudieron regresar a sus tierras a partir de 2010. Pero además de ellos, otras tantas personas se apropiaron de terrenos “sin dueños", y entonces la proliferación de las actividades agrícolas no se hizo esperar. El problema a resolver, desde el diseño de un proyecto de REDD, requería hallar la forma de proponer actividades económicas que protegieran el bosque y que al mismo tiempo ayudaran a recuperar su valor identitario.

Debido a que los dueños del proyecto no habitaban en la zona, se inició un esquema de donación a la Universidad del Tolima, lo cual permitió a los habitantes del área del proyecto y sus alrededores estar representados por una figura con presencia en el territorio. Por ello, las actividades para disminuir la deforestación se han centrado en la gobernanza territorial y en la educación sobre la importancia de la conservación del bosque.

Los bonos de carbono que resultan de este proyecto generan ingresos monetarios para la comunidad y garantizan la continuidad de las actividades de protección ambiental, pero además de ellos, actividades como la apicultura y el ecoturismo han sido propuestas para contribuir con la economía local. De este modo, los bosques no serán talados para ampliar la frontera agrícola y las fuentes hídricas seguirán estando disponibles para el abastecimiento de los municipios cercanos al proyecto.

La tarea no finaliza con la emisión de los bonos

El reto de este y otros proyectos de REDD con dificultades a causa de los conflictos ha sido el de reconstruir no solamente la infraestructura física (caminos, escuelas, casas) sino la relación de los pobladores con el bosque. Para abordar esta problemática, al ser este un proyecto ubicado en una región con complejas características geográficas y sociales, la evaluación por parte de expertos locales ha sido clave.

Pero este proyecto no se limita a los beneficios certificados por el estándar que lo avala. La gran característica diferenciadora entre este y otros proyectos de REDD es la esperanza que ha traído de un futuro mejor.

En la zona, se continúan las investigaciones para seguir el rastro de posibles especies endémicas que habitan allí, se construyen caminos que favorecen la conectividad del vasto territorio para el desarrollo de las actividades productivas y de conservación y se planea cómo mostrarle a los foráneos los paraísos ocultos que allí yacen.

Todo esto se puede lograr gracias a un proyecto desarrollado a lomo de mula y a la voluntad de consolidar la paz en un territorio que había dejado de creer en ella.